CAMPO CUATRO

CAMPAÑA POR EL GABINETE:
Hay una corriente de opinión promovida por los políticos asociados al viejo régimen e integrada por los periodistas del nado sincronizado, que pretende influir en la composición del gabinete de Indira Vizcaíno. Piensan que, al concretarse la llegada de ciertos cuadros, no se darán los cambios sustantivos que el resto de los colimenses estamos esperando.

Como el primer signo de una transformación en la administración pública estatal sería el reemplazo del personal directivo y operativo, quienes se oponen al cambio buscan que Indira nombre como secretarios a políticos en quienes confían esos reaccionarios.

De este modo, las cabezas del actual grupo gobernante seguirían teniendo correas de transmisión al interior del poder ejecutivo. Es decir, quienes gobernaron con Nacho Peralta podrían seguir gozando a través de sus validos de todas las prerrogativas que ahora tienen, desde sueldos hasta información privilegiada.

En la medida que se ha ido dando el proceso de entrega-recepción, surgió la urgencia de promover a políticos que garanticen una transición tersa. Los que se van quieren que la transmisión de poderes sea lo más suave posible. 

Sin embargo, no hay que olvidar que la propuesta electoral de Indira fue otra. De hecho, el reclamo de los colimenses en las urnas fue que la nueva gobernadora se desvincule del peraltismo por completo. La gente votó por un cambio absoluto y el poco tiempo transcurrido desde la elección de junio le dio la razón: el estado en quiebra, pero los personajes que ejercieron el poder en este sexenio se revelan como empresarios inmensamente ricos.


BESO DEL DIABLO:
No porque algunas figuras de la política estatal sean aliados emergentes de la gobernadora electa, tienen derecho a encargos importantes. Los columnistas del ballet acuático manejan la hipótesis de que Indira necesita pagar cuotas de poder, cuando en realidad nada les debe o no les debe tanto como para entregar una o varias carteras a los partidos que la postularon como candidata en común con Morena, que no presentaron candidato a la gubernatura o que, si lo presentaron, supuestamente no se esforzaron en competir con Vizcaíno.

Hay nombres que se mencionan insistentemente en los medios tradicionales y emprendimientos digitales, como el de Virgilio Mendoza Amezcua, líder del Partido Verde, o el de Javier Pinto, dirigente de Nueva Alianza. 

Panegiristas y presuntos observadores imparciales aseguran que Mendoza ocupará la secretaría general de Gobierno o, en su defecto, que tres de sus allegados irán a posiciones estratégicas en el gabinete. Por su parte, se organizan equipos de campaña para promover la candidatura de Pinto a la secretaría de Educación.

Si en realidad quieren apoyarlos menudo favor les hacen algunas plumas a Virgilio y Pinto al externar públicamente su apoyo. Esas voces que de todo opinan, en realidad les están dando el beso del diablo. Lo que no logran entender los aspirantes a una cartera, es que campañas tan abiertas son en realidad un indicativo de cuán lejos están de la anhelada designación.

Columnistas y opinadores se exhiben como aliados de Virgilio y Pinto, aunque no sabemos si realmente los apoyan o si están aplicando una psicología inversa para desacreditarlos. Lo cierto es que, por más que paguen por menciones y comentarios, Indira Vizcaíno difícilmente se dejará llevar por esas corrientes de opinión.


JEFE DE GABINETE:
La campaña de Mendoza Amezcua para la secretaría general de Gobierno ya no corresponde a los tiempos actuales. Antes, en la época del partido hegemónico, había que ceder parcelas de poder para mantener la unidad de la clase política. Pero Indira llega sin deberle nada al Verde ni al virgilismo ni mucho menos al complejo prianista que utilizó esas siglas y a ese candidato para dividir el sufragio por la opción de cambio. 

En la tesis de que Virgilio es el gran operador político que le ayudará a Indira a romper con el viejo régimen y hacer las investigaciones pertinentes para enjuiciar a quienes están dejando el estado en quiebra, Mendoza no garantiza la imparcialidad necesaria para llegar hasta las últimas consecuencias.

Suponiendo que Virgilio tenga interlocución con la mayoría de los actores políticos por razón de haber militado en diferentes fuerzas, cabe decir que en realidad esa facultad comunicativa la otorga el cargo (otra cosa es que los últimos secretarios generales de Gobierno no hayan reunido el perfil idóneo de mediador y conciliador). A la hora de escuchar al responsable de la política interior, ningún actor (secretario, alcalde, diputado o dirigente partidista) va a despreciar a quien ocupe esa oficina. Ya lo verán.

Por lo demás, en los nuevos tiempos de la política no se necesitan ministros del interior con antecedentes de buenas relaciones políticas, sino funcionarios que cumplan la ley. La secretaría general de Gobierno es el segundo cargo en importancia de la administración, su titular actúa literalmente como jefe de gabinete. Y con Indira deberá ser el instrumento de legalidad y gobernabilidad que no pudo ser Arnoldo Ochoa para Peralta Sánchez, quien muy tarde se decidió a quitar de ese despacho al actual dirigente estatal del PRI.

Antes de pensar en ser secretario o de colocar en otros cargos a incondicionales suyos, Virgilio Mendoza tiene que aclarar el tema de la tarjeta de crédito que la administración de Gabriela Benavides siguió pagando para cubrir sus viáticos como líder estatal del Verde. Especialmente si pretenden fusionar la secretaría general de Gobierno con la de Seguridad, no puede llegar a esa posición alguien que reprobaría el examen de confianza porque tiene abierto un expediente como resultado de la denuncia en su contra que presentó la alcaldesa de Manzanillo Griselda Martínez.


AYUDA MÁS COMO DIPUTADO:
En cuanto a la supersecretaría donde se pretenden fusionar las políticas educativas, formativas y culturales, Indira ha dicho que el eje rector de su gobierno será la educación. En ese contexto, no es previsible que repita como titular de esa dependencia un cuadro surgido de la política sindical, con todos los vicios del corporativismo priista del cual el magisterio fue un pilar hasta muy recientemente.

No puede salir nuevamente del SNTE el secretario de Educación porque los liderazgos tradicionales ya no son bien aceptados por el gremio. Algunos de quienes han pasado por la dirigencia de la 39, por ejemplo, ni siquiera eran líderes naturales, llegaron a la sección por acuerdos cupulares. El gobernador en turno siempre dio el visto bueno para la elección del secretario general. 

Por extensión de ese corporativismo, los gobernadores le fueron otorgando la SE a exdirigentes sindicales. Era parte de una estrategia para conseguir la obediencia del magisterio. Pero ese esquema ya no se justifica y, además, tampoco tranquilizaría a los maestros al servicio del estado irritados por el incumplimiento salarial y la pérdida en los hechos de prestaciones sociales como el servicio médico particular.

Si es genuina la representación magisterial de Javier Pinto, quien fue secretario general de la Sección VI que aglutina a los maestros federalizados, su liderazgo se requiere en el Congreso para promover el juicio político en contra de un gobernador como Peralta que tanto afectó los intereses del magisterio estatal. Si el Panal quiere ser un aliado de Morena, Pinto es más valioso como diputado. Se necesita más en la Legislatura que en el gabinete.


LA AGENDA ES DE OTROS:
Le quieren vender a Indira el cuento de que necesita el apoyo de diferentes bancadas para sacar una agenda legislativa que, en realidad, a quienes más les interesa seguir son a sus adversarios. 

Quieren llevarla a un escenario en donde ella ceda posiciones en el gabinete a cambio de ganarse la lealtad de algunos diputados, Indira no necesita acordar con cada legislador. Quizá decida reunirse con el presidente de la mesa directiva, pero todas las negociaciones se darán una vez que asuman ambos poderes. Y no serán con cada legislador en lo individual, porque no son pares.

En la agenda legislativa, el primer desafío de los diputados del viejo régimen será defender las cuentas públicas de Peralta, archivar el proceso pendiente contra Mario Anguiano y atenuar los efectos de las auditorías. A Indira, en cambio, sólo le preocupa por el momento la reestructuración de su gabinete. 

Y ni modo que los diputados le nieguen el voto a una propuesta que, más que austeridad, supondrá un debilitamiento político de la nueva gobernadora porque a los secretarios no sólo hay que verlos como sueldos altos en una nómina, sino como operadores de políticas públicas específicas e interlocutores con los sectores sociales afectados o beneficiados por dichas directrices.

En cuanto a la volatilidad del Congreso, ¿qué escenario más adverso podría enfrentar Indira que el mismo que tuvo Nacho al arranque de su administración?

Quienes están en contra de Indira han insistido mucho en que la gobernadora no debe tener injerencia en otros poderes, pero ahora que se trata de abogar por los diputados de las minorías el planteamiento es otro. 

Y, bueno, si hay diputados aliados que pretendan traicionarla será responsabilidad exclusiva de ellos. Mas no olviden que no es lo mismo romper con el partido que los llevó al poder y acordar con un gobernador de otras siglas como pasó hace tres años, que rebelarse contra quien será la jefa política del estado.

La voltereta de Guillermo Toscano y Carlos César Farías en la legislatura que está concluyendo fue a favor del gobernador Peralta, no en contra como se supone que ahora jugarían los diputados que llegaron al Congreso gracias al impulso que les dio su alianza con Indira. No es lo mismo ignorar a la coordinadora de los programas sociales del gobierno federal, que traicionar a la gobernadora. Lo podrían hacer, pero su carrera política no será la misma.


LA CALZADA, MERO PRETEXTO:
Sólo una clase política que no entiende cómo fueron expulsados del poder por una votación copiosa, puede intentar componerle el gabinete a la nueva gobernadora, vetando a unos y promoviendo a otros. 

Quieren intervenir en los nombramientos de las carteras más robustas en cuanto a los presupuestos que manejan. Las áreas responsables de educación, obras públicas y operación política son la columna vertebral del gobierno.

Lo que va a terminar pasando es que los promotores generarán un efecto adverso. Si Indira tenía alguna duda sobre un nombramiento, ahora lo va a sostener: Y si cavilaba sobre integrar a Virgilio Mendoza o a Javier Pinto, va a sentir desconfianza de que esos políticos tengan semejantes publicistas. Si uno y otro quieren entrar al gabinete, deben ser más inteligentes y buscarse otros padrinos.

La campaña para promover el nombramiento de algunos secretarios tiene, como revés, otra campaña para vetar designaciones en el gabinete. Uno de los blancos de estos ataques es Gisela Méndez, seguramente como una consecuencia de haberse proyectado como futura secretaria de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad.

Dentro de esa embestida, le atribuyen a Gisela la idea de la remodelación de la calzada Galván en el tramo entre la glorieta de la Piedra Lisa y la glorieta monumental. Para la prensa oficialista, la intervención de la entonces secretaria de Movilidad en el gobierno de Peralta se evidencia en el trazo de ciclo vías a ambos lados del arroyo, lo que disminuyó el aforo de esa avenida hasta volverla un cuello de botella. Y, en ese sentido, aseguran que ahora la ampliación de la desembocadura de la calzada no es sino muestra de cómo Méndez ya empezó a impartir órdenes en la dependencia que todavía dirige Jesús Sánchez Romo.

Ese tramo fue una primera etapa de un proyecto de modernización de toda la calzada, desde la glorieta del Rey Colimán hasta la glorieta monumental, o quizá sólo pretendían remozar el frente de la antigua zona militar que pasó a manos del gobierno estatal. 

Sin embargo, hoy la sospecha es que a la Galván le ponen y le quitan pavimento, banquetas y balizamiento (incluidos los mentados bolardos) para inflar costos y justificar desvíos de recursos en la primera intervención y, en esta más reciente, para ocultar las huellas del atraco. 

Las obras en la calzada Galván son cuestionables urbanística y financieramente. Nunca les asistió la razón a quienes diseñaron, por ejemplo, una glorieta con una escultura que replica el monolito que se encuentra a pocos metros, la Piedra Lisa. 

Hay urgencia por corregir la obra o por borrar la evidencia. Antes se asumía que lo que está en el subsuelo no se puede fiscalizar, pero hoy es posible hacer muestreos de espesor y reperitajes. Quizá eso esté pasando: están demoliendo la evidencia del gran negocio que hicieron los contratistas.

La calzada es un pretexto para golpear a Gisela porque los responsables de esos presupuestos inflados intuyen que Méndez no los va a dejar seguir operando los negocios, ya que la arquitecta urbanista es tan cercana a la futura gobernadora como, a inicios del sexenio que termina, llegó a serlo del gobernador Peralta en temas como la liberalización de los servicios de transporte a través de los llamados taxis de aplicación. 

Como muestra de que no está dispuesta a seguirle el juego a Sánchez Romo, en sus redes sociales Gisela consideró que bastaría aumentar tres segundos el verde en el semáforo para desahogar la vialidad de la calzada Galván. No hacía falta demoler, dice.

Ciertamente Gisela se ha auto promovido para el cargo, en una aspiración reforzada por la propia Indira quien se ha hecho acompañar de Méndez en sus visitas a los secretarios de Estado y funcionarios de alto nivel donde las temáticas son relativas, precisamente, a movilidad y desarrollo urbano.

En el fondo, también hay un celo de género. Nunca ha habido mujeres en el ramo de infraestructura, la construcción de obra pública es un gremio dominado por hombres.


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