QUOD SCRIPSI, SCRIPSI

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Horacio Archundia

LA POLÍTICA, ESA TRAMA IMPREDECIBLE. Tiene la política momentos incomprensibles. De pronto algún personaje figura como el favorito para ocupar un cargo y todas las señales lo pintan como el mejor, y cuando se espera que le unjan o le elijan, cambia todo el panorama. Mientras muchos hombres y mujeres trabajan intensamente por servir a la gente, también muchos sin mérito alguno ganan elecciones y se elevan sobre los que han entregado recursos, apoyos, ayuda y gestiones a la sociedad. Esa condición inexplicable vuelve indeseable el mundillo político, que llega ser decepcionante. Es larga la lista de los que han llegado a los cargos sin haber aportado nunca nada al progreso y al bienestar de los manzanillenses, por ejemplo, por lo que mencionarlos resulta prolijo. Pero también es luenga la relación de los que habiendo servido a Manzanillo, no han llegado o todavía no llegan a ocupar un cargo de gran relevancia, como la alcaldía, verbigracia. Los manzanillenses hemos visto, así, frenarse carreras políticas de personajes de gran talento y de indiscutibles capacidades, que pudieron ser presidentes municipales como los abogados Margarita Torres Huerta y Marcelino Bravo Jiménez; el hoy Magistrado Sergio Marcelino Bravo Sandoval, Sergio Sánchez Ochoa, Francisco Santana Ochoa, Alejandro Meillón Galindo, Francisco Zepeda, David Ortega Quiterio, entre otros, todos gente de grandes y reconocidas habilidades, todos preparados y con sensibilidad para gobernar. Hemos presenciado también cómo algunos empresarios o políticos exitosos se han negado a intervenir en política a pesar de contar con aceptación del electorado y de ser individuos de respeto, como hace cincuenta años Don Raúl Zuazo Ochoa, Don Juan Villaseñor Salas, el profesor Hiram David Bravo Magaña o Don Carlos Núñez Escobar; y más recientemente Rubén Álamo Zuazo, Guillermo Woodward Rojas, Daniel García Medina, César Humberto Romero García, Rubén Álamo Navarro. O políticos y funcionarios cuyo liderazgo ha sido indiscutible y que con o sin cargo público y a los que las circunstancias y la grilla barata no han dejado llegar a la alcaldía, como en su tiempo pasó con Don Armín Núñez Meza o con Don Pedro Figueroa Fuentes, y en el nuestro con Fernando Morán, Rosa Martha Real Molina, Héctor de Jesús Lara Chávez, Rosario Yeme (que solo por la vía del interinato pudo ser alcaldesa), Martha Meza, Miguel Salazar Abaroa, Francisco Hueso Alcaraz, Armida Núñez García, y muchos más a los que se les han atravesado otros que con golpes de suerte han llegado. No podemos omitir a los que el destino truncó sin misericordia como Roberto Preciado Cuevas. La política es pues, injusta. Porque a muchos les da sin merecerlo y a otros les quita también por ello.

 
Por ahora detendremos este análisis para después citar a muchos que sin más mérito que sus lambisconerías y sus triquiñuelas, sus grandes habilidades rastreras, han llegado a la presidencia municipal, a los cabildos o a las legislaturas pasando por ellos con más pena que gloria.

POR HOY, BUEN DÍA.


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