El Remate

CORCHOLATAS EN COLIMA

La senadora Gricelda Valencia fue presentada el 12 de enero como coordinadora estatal para la promoción del canciller Marcelo Ebrard en Colima. ¿Con ello, Valencia de la Mora dejó en claro que ya no trabajará en el proyecto presidencial de Ricardo Monreal, como sugirió que haría todavía en agosto del año pasado al círculo de analistas políticos?

Apenas el 9 de este mismo mes, Claudia Yáñez Cabrera había rendido protesta como coordinadora estatal del Comité Protagonistas del Seguimiento de la Transformación ‘Que Siga López’ en Colima, que apoya al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, en su intención de convertirse en el candidato presidencial de Morena para los comicios de 2024.

Por su parte, la Red #EsClaudia que promueve las aspiraciones de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México a suceder a Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la república, tiene como vocero en el estado de Colima a Santiago Chipres. Los colimenses que apoyan a Claudia Sheinbaum Pardo todavía no han dado a conocer quién tendrá aquí la coordinación estatal de la precampaña, aun cuando evidentemente ese proyecto lo encabeza la gobernadora Indira Vizcaíno.

LA PUERTA DE ATRÁS

Al reunirse el 17 de enero con el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, Monreal Ávila pidió permanecer en el partido y reingresar a la lista de precandidatos presidenciales. Si eso ocurre, habrá que ver si la senadora por Colima regresa a su proyecto original o se queda en el de Ebrard.

Muy probablemente, su alta representación parlamentaria le sirvió a Valencia de la Mora para que fuera nombrada enlace estatal del movimiento ‘Con Marcelo Sí’, que aglutina una larga lista de membretes donde se incluyen colimenses de “todos los sectores” sociales:

– Fuerza Marcelo, coordinada distritalmente por Hugo Bernardo y Héctor José Dueñas Sentori;

– Diálogos Progresistas, encabezados a nivel estatal por Luis Rogelio Salinas Sánchez;

– Avanzada Nacional, coordinada en el estado por Juan José Medina Rodríguez;

– Movimiento Progresista en Colima, liderado por Gustavo Gaitán Sandoval; y,

– Morena Progresista, cuyo coordinador en el primer distrito federal es Carlos Moisés Hernández Suárez y, en el segundo, Carlos Farías Ramos.

No sabemos aún cuál de estos movimientos aglutinará al grueso de priistas que, ante el virtual adelanto de que la candidatura presidencial en la alianza de oposición a la que convocó Claudio X. González será para un cuadro panista, decidan sumarse al proyecto de Ebrard acaso con la esperanza de que Marcelo termine siendo el Lenín Moreno de México.

EL FANTASMA DE SEGOB

En cambio, en la estructura del equipo promotor de Adán Augusto se distinguen fundamentalmente dos formaciones: la que encarna Claudia Yáñez, y la de la alcaldesa de Manzanillo, Griselda Martínez, a quien acompaña en este y otros proyectos políticos para 2024 la secretaria del Ayuntamiento, Martha Zepeda.

Claudia Valeria Yáñez, como recordamos, fue candidata a la gubernatura del partido Fuerza por México tras renunciar a Morena molesta por la postulación que ese partido hizo de Indira Vizcaíno.

Su hermano Rolando, por cierto, es el delegado estatal de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuyo titular es Ebrard. Esta situación obliga al funcionario a mantener una neutralidad institucional pero, más allá de Claudia, quien implica en el proyecto de López Hernández al titular de la oficina de pasaportes en la entidad es su otro hermano, César Yáñez Cabrera, subsecretario de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos en la Segob.

Tras asumir la Secretaría de Gobernación, Adán Augusto rescató a César de la Coordinación General de Política y Gobierno de la Presidencia de la República, cargo en el que estuvo casi toda la primera mitad del sexenio penando como si fuera ‘el fantasma de Palacio Nacional’. Luego de haber sido por más de tres lustros el hombre más cercano a López Obrador, César cayó en desgracia por el escándalo desatado con la publicación en la revista Hola! de un reportaje sobre su boda fifí en Puebla.

JUEGO DE SUMA CERO

Enfrentada política y mediáticamente con la mandataria estatal, Griselda Martínez confirma con esta adhesión al proyecto de Adán Augusto el vínculo que, según sus cercanos, estableció con el responsable de la política interior cuando éste se acercó a la edil porteña con la intención de regañarla por su indisciplina frente a la jefatura política de Vizcaíno Silva en el estado.

Según esta versión, la presidente municipal del puerto marítimo más importante del país habría convencido a López Hernández de que es ella la víctima de una conspiración para descarrirarla políticamente y sacarla de la carrera por el Senado.

Por cierto, el pleito entre las figuras más reconocibles del lopezobradorismo en Colima tiene felices a los políticos de oposición. Ya anticipan el resultado: la pérdida para Morena del ayuntamiento porteño en los siguientes comicios.

Bajo asedio presupuestal de los regidores de su propio partido en el cabildo y de los diputados de la bancada oficialista en el Congreso, Griselda enarbola la bandera del otro “señor López” no sólo por supervivencia sino por estar convencida que, el gobernador de Tabasco con licencia, es el heredero natural de su paisano Andrés Manuel.

Para muchos colimenses, incluidos los anti-indiristas que ahora han adoptado a Griselda como juguete rabioso, Martínez Martínez encarna a su vez el lopezobradorismo más puro en la entidad. Ciertamente, su estilo personal de gobernar recuerda las actitudes del presidente que tanto gustan a los simpatizantes de Andrés Manuel como irritan a sus detractores.

La fantasía de los conservadores en Colima es que Griselda en lugar de ser un activo de la 4T que sume votos a los candidatos de Morena en el segundo distrito, cuando no en todo el estado, le reste viabilidad a la continuidad del proyecto transformador. Y es verdad que si el choque de trenes produce un descarrilamiento, tanto el capital político de la gobernadora como los bonos de la alcaldesa restarán en vez de sumar.

A eso le apuestan sin saber quienes, en ambos círculos, se mueven para minar en lo discursivo y en lo operativo las fortalezas de una y otra, creyendo que su propia posición está blindada. Podría no ser así y el costo para Morena llegar a ser tan alto como supone perder la fórmula de mayoría en el Senado, la diputación federal por el segundo distrito y los distritos locales que corresponden a la costa. No es, pues, únicamente la elección municipal en Manzanillo lo que está en riesgo.

Es irónico ver a Griselda Martínez haciendo equipo con Yáñez para 2024, cuando camino al 2021 la alcaldesa fue un factor decisivo para frustrar las aspiraciones de Claudia. En una encuesta donde las opciones se reducían prácticamente a Indira Vizcaíno y a la entonces diputada federal por el primer distrito, Claudia resultaba una mayor competencia para la delegada de Bienestar. Pero, entonces, la edil porteña se inscribió de último minuto al proceso y relegó a Yáñez a un lugar más abajo de la lista, sin amenazar necesariamente la posición puntera de Vizcaíno.

PLEITO DE FAMILIA

También para los Yáñez, la rivalidad con el grupo gobernante en Colima es la razón de ser de una manifestación política que, de entrada, pone en entredicho no sólo la neutralidad del delegado de la SRE sino la del subsecretario de Gobernación. Aun cuando Rolando conserve en lo posible la institucionalidad, sobre todo los operadores de la alianza opositora que siguen trabajando para hacer pelear a los equipos en Colima de las tres corcholatas buscarán comprometerlo.

Las familias Yáñez y Vizcaíno han estado enfrentadas por la representación de la izquierda partidista desde 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas contendió contra Carlos Salinas de Gortari. Un año después, Ismael Yáñez –quien formó con el finado Jaime Alfredo Castañeda el grupo de Los Notarios– disputó a Arnoldo Vizcaíno Rodríguez, aliado con Carlos Sotelo y otros maestros, la dirigencia del naciente PRD en Colima. La fuerza de los Yáñez radicaba entonces en el matrimonio de Bertha, la hermana mayor, con Porfirio Muñoz Ledo.

En la transición del Movimiento de Regeneración Nacional a partido político, Claudia Yáñez se hizo cargo de los trabajos de Morena tras la defenestración del ya fallecido José Francisco Gallardo. Pero luego también ella sería relevada de esa responsabilidad, aunque el clan de los Yáñez dejó instalado en la presidencia del partido a Sergio Jiménez Bojado.

A partir de 2018, como diputada federal por el primer distrito Claudia Yáñez Cabrera compitió abierta y sonoramente con Indira por la candidatura al gobierno de la entidad. Electa representante popular por el segundo distrito, Vizcaíno Silva pidió licencia para asumir la Coordinación Estatal de los Programas de Desarrollo. Y aunque en el rol de superdelegada federal, Indira fungía ya como una especie de adelantada a la candidatura al gobierno del estado, Claudia hizo hasta lo indecible para evitar que la nominación morenista fuera para Vizcaíno.

GRANDES ESPERANZAS

Adherido al proyecto de Claudia Sheinbaum, el gobierno de Indira Vizcaíno se maneja con un amplio margen de seguridad en la selección de un caballo ganador.

Históricamente, la desgracia de los mandatarios colimenses es no atinarle en la sucesión presidencial. En la segunda mitad de su mandato varios pagaron con lágrimas de sangre haberle apostado a un proyecto fallido, ya fuera en la contienda interna del PRI como, a partir del 2000, en la elección constitucional.

Le pasó a Griselda Álvarez, a Elías Zamora, a Fernando Moreno, a Silverio Cavazos y a Ignacio Peralta. Si Carlos de la Madrid fue con Luis Donaldo Colosio, nadie esperaba que el candidato acabara siendo por motivos trágicos Ernesto Zedillo, cuya esposa era de Colima.

La excepción en esta lista de desatinos sería Mario Anguiano, quien presumiblemente se la jugó con su homólogo mexiquense Enrique Peña Nieto en 2012, aunque tres años después lo vimos conspirando contra el gabinete federal al apoyar, subrepticiamente, al panista Jorge Luis Preciado contra el priista Ignacio Peralta.

La causa de Sheinbaum en Colima no la encabeza una figura reconocida de la nueva clase política (en el 2000, Fernando Moreno envió nada menos que a su entonces secretario general de Gobierno, Héctor Michel Camarena, a coordinar la campaña de Francisco Labastida en la disputa contra Roberto Madrazo por la candidatura presidencial del PRI), quizá para dejar en claro que esa responsabilidad recae en el más alto nivel del gobierno indirista.

Si #EsClaudia, el mérito será de Indira Vizcaíno. Pero si prosperan todas las fuerzas de oposición y al interior de Morena que se confabulan para impedir que López Obrador imponga a Sheinbaum como su sucesora, y por las razones que sean el presidente se ve obligado a cambiar de candidato, el revanchismo de los grupos que están apoyando a cualquiera de las otras corcholatas será uno más de los problemas con los que la gobernadora va a tener que lidiar.

Lo que Claudia Sheinbaum esperaría de los gobernadores que se han manifestado a favor de ella, es que las estructuras estatales empujen la eventual candidatura presidencial de la jefa de Gobierno, y no que las fórmulas locales sean jaladas por el candidato presidencial como pasó en 2018 o, todavía en 2021, ya con López Obrador como mandatario nacional.

En todo caso, lo que la o el eventual candidato de Morena esperaría de los gobiernos de su partido es que sumen al proyecto de la continuidad de la 4T. Temas no resueltos como la inseguridad o el estancamiento económico, aunque hayan sido heredados de los regímenes de la era neoliberal, podrían pesar más en la percepción de la gente que la inversión en programas sociales o los logros en materia de gobernanza (como le dicen ahora al buen gobierno).