QUOD SCRIPSI, SCRIPSI

HORACIO ARCHUNDIA

DAVID ORTEGA, LA CAUSA POR RESPALDAR. Dice bien el dirigente estatal de la CROC, David Ortega Quiterio, cuando se refiere a la necesidad, al imperativo, de hecho, de incrementar el salario mínimo al menos a trescientos pesos diarios. Con la claridad y la energía que le caracterizan, el líder croquista deja un llamado contundente al gobierno federal, señalando que, aunque se ha aumentado como nunca el salario en este sexenio, es insuficiente. La capacidad de los trabajadores para mantener un hogar como debe ser, no alcanza a satisfacerse ni con los aumentos de este gobierno, que han sido históricos, pues jamás un régimen había respaldado tanto a los asalariados, afirma con razón David Ortega.

Cierto es, en efecto, que antes no se había atrevido gobierno alguno a ponerse frente a la clase patronal y exigirles mayor salario para los millones de obreros y empleados que no salían de cien pesos, poco más o menos, mientras como hormigas alimentaban y engordaban a los cada vez más multimillnarios que los asfixiaban.

La protesta fina, pero dura, del líder Ortega lleva también un llamado: «Esta es una lucha que no vamos a ganar solos. Necesitamos entrarle todos». Y también es verdad. Si se quiere que las familias tengan mejores salarios, la batalla debemos darla todos, no solo una central obrera. Debe ser una causa común, como a la que está convocando David Ortega. Hasta que haya foros, reuniones nacionales, grandes asambleas, en las que se llegue al acuerdo general de un incremento salarial que permita vivir con mayor dignidad.

Hay una arista, sin embargo, con la que debe tenerse cuidado. Y es esta: Se debe también pensar que a nadie conviene arruinar al sector patronal. Sería el suicidio económico del país.

Pero sí se debe ir juntos para gradualmente, el próximo sexenio, los mexicanos veamos de verdad salarios con la capacidad adquisitiva necesaria para sobrevivir sin angustia.

Desfortunadamente no todos los líderes sindicales halan para donde mismo. Los hay que se enriquecen ellos y descobijan al trabajador. Lo desprotegen a cambio de privilegios. O le dan migajas y sacan ellos grandes tajadas de las negociaciones con los patrones, como sucede en el ámbito portuario, algunos de cuyos líderes se han enriquecido en pocos años.

Por otra parte, hay un enorme sector de empleados de gobierno indefensos ante las circunstancias políticas, también con salarios bajísimos. Abrumados por la zozobra de los vaivenes políticos. Expuestos a ser despedidos aun con experiencia y habilidades adquiridas por años y hasta por décadas, y ser substituidos por novatos que vienen a aplastarlos en los rejuegos burocráticos. Esos empleados públicos, los de confianza, no tienen protección ni garantías de nada. Y sucede en todos los niveles. Esa lucha sigue pendiente porque de nada han servido las famosas leyes del «servicio civil de carrera», que son como las llamadas a misa: Las oye el gobernante que quiere oírlas.

El tema es largo. David Ortega ha puesto el dedo en la llaga al citar el salario como punto principal de una lucha en la que debemos coincidir todos los mexicanos.

El líder croquista ha sido claro: «No podemos solos. Necesitamos respaldo».

Ortega sabe que es una justa larga y una travesía penosa. Por eso dice con franqueza que «nunca antes un gobierno nos había dado tanto, aunque no sea aun suficiente».

POR HOY, BUEN DÍA.


About Author